Story
13 Sentinels: Aegis Rim y por qué todos merecemos historias así de increíbles
Una historia de ciencia ficción coral y llena de capas, donde cada revelación se descubre con auténtico asombro.
Hay juegos que sabes que existen, que quizá han vendido bien y que la crítica ha puesto por las nubes, pero que por algún motivo nunca acabas jugando. A veces es culpa de un mercado cada vez más saturado, que no deja de tirarte de la manga con la siguiente novedad. Se quedan ahí, en una especie de zona gris de tu memoria como jugador. Sabes que están, sabes que probablemente merecen la pena, pero los vas dejando para más adelante. Hasta que, al final, casi te olvidas de ellos.
Así fue mi relación con 13 Sentinels: Aegis Rim.
Tenía una puntuación GVS altísima, detrás estaban el talento de Vanillaware y la publicación de Atlus. Además, hasta entonces nunca había jugado a nada de Vanillaware. Me llamaba la atención, claro, pero desde lejos. Entonces el GVS hizo exactamente lo que debería hacer: obligarme a mirar con más atención un juego que estaba infravalorando.
El impacto fue brutal.
Me atrapó por completo. Me absorbió hacia una dimensión fantástica, dentro de un relato de esos que no quieres que terminen nunca. Porque 13 Sentinels: Aegis Rim es, por encima de todo, un artilugio narrativo maravilloso y endiabladamente complejo; una obra construida a base de encajes, perspectivas, fragmentos y revelaciones. Un mecanismo que parece imposible de mantener en pie y que, sin embargo, funciona. Casi siempre de forma sorprendente.
El juego puede dejarte con preguntas cuando aparecen los créditos. Muchas preguntas. Pero lo extraordinario es que las respuestas están ahí. Todas. Escondidas entre diálogos, archivos y escenas que ya habías visto, pero que de pronto entiendes bajo otra luz. Parte del placer no está solo en comprender qué está ocurriendo, sino en darte cuenta de que el juego ya te había dado las herramientas para llegar hasta ahí.
Su finura está precisamente en cómo cuenta las cosas. 13 Sentinels mueve constantemente al jugador de un plano narrativo a otro. Algo que al principio parecía significar una cosa, más adelante significa otra. Un detalle aparentemente secundario se vuelve central. Una escena que parecía cristalina se da la vuelta. Una frase olvidada vuelve de golpe con todo su peso.
Y, aun así, esos cambios de perspectiva nunca son bruscos. Están preparados, sembrados, dejados respirar. Luego, llegado el momento, el juego te planta la realidad delante de la cara. Pero lo hace con tanta precisión que la reacción no es “esto se lo han sacado de la manga”, sino “claro, siempre estuvo ahí”.
En lo estructural, 13 Sentinels alterna una parte narrativa de desplazamiento 2D, con toda la elegancia visual típica de Vanillaware, con fases estratégicas en tiempo real contra oleadas de kaiju. A mí estas últimas no me disgustaron —aunque sé que no hay unanimidad al respecto—: son disfrutables, funcionales y lo bastante ligeras como para no entorpecer el verdadero corazón de la experiencia. Y si de verdad no os entran, siempre podéis bajar la dificultad y centraros en la historia.
Dentro hay de todo: instituto, años 80, ciencia ficción, kaiju, mechas, memoria, identidad, adolescencia, paranoia, destino y muchas otras cosas que casi sería un crimen siquiera insinuar.
Porque algunas historias no conviene contarlas demasiado. Hay que recomendarlas.
Y 13 Sentinels: Aegis Rim es una historia magnífica.